
La semana pasada escribí que “Las enseñanzas son para hacerlas”, sin embargo, cuando queremos hacerlo en “nuestras fuerzas” las cosas no resultarán porque “son para vivirse en él, por él y para él...” No puedes “hacer” si no tienes el “ser”…
Jesús dijo: “…Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres...”
La mayoría de nosotros al meditar en este verso, pensamos en nuestra tarea: dar sabor al mundo, preservar al mundo, provocar sed del evangelio, conservarnos puros, hacer, hacer, hacer...
Sin embargo la sal no hace, la sal es... como cristianos debemos pensar más en el ser y el hacer será el resultado.
La sal no da sabor por el hecho de esparcirse sobre la comida... se esparce sobre la comida porque da sabor, esta en su naturaleza. Está en sus moléculas ser sal.
Nunca verás un puño de sal preocupándose por aplicar “Nuevas estrategias para dar Sabor”... Pero cuantos cristianos hacemos estudios, meditaciones, seminarios y congresos tratando de descubrir como hacer nuestra tarea, en lugar de aplicarnos a desarrollarnos en la naturaleza nueva que Dios nos ha dado.
El mismo Jesucristo, llama la atención no sobre “el hacer de la sal”, sino en el “ser sal”, y no desvanecerse, no perder nuestra naturaleza, no perder nuestra consistencia, no perder nuestra calidad.
No debemos “llegar a ser la sal de la tierra” ¡Somos la Sal de la tierra!
Como cristianos hemos sido renovados, cambiados, nacidos de nuevo: ¡Somos nuevas criaturas! ¿Estamos desarrollandonos en nuestra nueva naturaleza?
Jesús dijo: “…Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres...”
La mayoría de nosotros al meditar en este verso, pensamos en nuestra tarea: dar sabor al mundo, preservar al mundo, provocar sed del evangelio, conservarnos puros, hacer, hacer, hacer...
Sin embargo la sal no hace, la sal es... como cristianos debemos pensar más en el ser y el hacer será el resultado.
La sal no da sabor por el hecho de esparcirse sobre la comida... se esparce sobre la comida porque da sabor, esta en su naturaleza. Está en sus moléculas ser sal.
Nunca verás un puño de sal preocupándose por aplicar “Nuevas estrategias para dar Sabor”... Pero cuantos cristianos hacemos estudios, meditaciones, seminarios y congresos tratando de descubrir como hacer nuestra tarea, en lugar de aplicarnos a desarrollarnos en la naturaleza nueva que Dios nos ha dado.
El mismo Jesucristo, llama la atención no sobre “el hacer de la sal”, sino en el “ser sal”, y no desvanecerse, no perder nuestra naturaleza, no perder nuestra consistencia, no perder nuestra calidad.
No debemos “llegar a ser la sal de la tierra” ¡Somos la Sal de la tierra!
Como cristianos hemos sido renovados, cambiados, nacidos de nuevo: ¡Somos nuevas criaturas! ¿Estamos desarrollandonos en nuestra nueva naturaleza?
“…Vosotros sois la sal de la tierra…”
Jesucristo en el monte.